Estereotipos racistas asentados desde la cuna

Como te hacían hacer en la primaria para el acto del 25 de mayo, “la seño” de 4to grado, Mabel, te daba el papel de mazamorrera y te tenías que pintar la cara con corcho quemado porque las negras sólo podrían vender empanadas; mientras que las blancas eran damas dignas de desposar criollos.

Es un bajón pero “la seño” se había contagiado de un germen racista y nadie decía nada. ¿No es lindo ir notando todos estos detalles racistas que solían pasar desapercibidos y que fomentaban mentes podridas?

Dear White People, cuando la discriminación racial se naturaliza

Volviendo a la joda elitista que tendría lugar en el campus universitario en la serie Dear White People, frente a la presión del decano (también afroamericano, pero de todas formas un careta), los chicos cancelan la fiesta. Pero por una dudosa equivocación las invitaciones son enviadas y, por ende, la gente asiste. Y ya que estamos en el baile… bailemos, ¿o no?

Un grupo de estudiantes negros irrumpen en la fiesta, documentando en video rubias disfrazadas de Beyonce y deportistas luciendo la camiseta de Michael Jordan. Documentos que serían pruebas irrefutables de la segregación racial instalada en el ambiente académico, y dejando en claro que la apropiación de una cultura y la banalización de la misma está mal.

Samantha White, visibilizar la discriminación racial

Nuestra protagonista, estudiante de Comunicación, Samantha White, en cada episodio editorializa situaciones racistas que ella y sus compañeros de color deben vivir día a día. Situaciones presentes y ocultas tras una careta progre que lleva la institución en su cotidianeidad y fomenta actitudes y creencias racistas en el alumnado de Winchester.

En diez encuentros de una hora cada uno, Netflix nos propone una heroína indie preparada para plantear el sufrimiento afroamericano, la brutalidad policíaca y los medios de comunicación como cuarto poder.

Dear White People

En esta primera temporada, “Sam” y sus amigos se enfrentan a negocios y políticas que aplastan a las minorías y pensamientos arraigados en el colectivo que violentan la integridad física y mental de negros y mestizos. Además de verse tentados a traicionar sus ideales y dilemas morales provocados por la obsesión con la primicia y el amarillismo, así como también dejando en evidencia la importancia que tienen los medios masivos de comunicación en una lucha política y social.

Un final confuso y abierto

Con un final algo confuso y abierto puede dejarte con sabor a poco y con sed de cierre. Definitivamente Dear White People nos incomoda, nos deja en offside siendo parte de una sociedad blanca y con un cargo de responsabilidad social que nos pesa.

En estos tiempos en los que el más despierto gana, esta producción con líneas que nos enmarcan en tiempo y espacio haciendo referencia a códigos millennials, nos avisa que la problemática racial sigue latiendo bajo una manta fina en el siglo XXI.

Una vez más, no todo trata de hombres blancos

El primer tráiler, a horas de su lanzamiento, había juntado unos 300.000 dislikes gracias a cibernautas que denunciaban un racismo que “promueve el genocidio blanco”. No es la primera vez que los blancos osamos buscar más protagonismo del que merecemos.

En 2016, frente a la violencia institucional desmedida por parte de la policía norteamericana, se comenzó a concientizar la problemática bajo el lema de #BlackLivesMatter. Instantáneamente surgió #AllLivesMatter, una propuesta probablemente inocente en búsqueda de igualdad, empujada por una clase media blanca, se vuelve contraproducente invisibilizando la lucha inicial y regenerando la desigualdad instalada desde siglos pasados y anulando el pequeño avance logrado por la consigna que rezaba “Las vidas negras importan”.

Lo mismo suele suceder en este lado del Ecuador. Nuestro #NiUnaMenos suele verse opacado por el célebre #NadieMenos que también aliviana la causa, pidiendo algo utópico donde no se asesine a nadie. Obvio que todos importamos, pero en contextos sociales pasados y presentes, los colectivos vulnerables y afectados merecen más atención que el resto.

Por todo esto, en Clapps! bancamos Dear White People y todo lo que conlleva esta última producción del gigante Netflix. Porque bancamos la lucha y defendemos desde la distancia al colectivo violentado al que pertenece Samantha, porque 200 años de esclavitud no es poco y sabemos que fueron muchos más.

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