Clapper txt_Elvio Alcaraz_Jul_2018

“El viajar es un placer que nos suele suceder”, cantaba Pipo Pescador, pero la verdad es que nada sucede sin que lo busquemos. Nada, ni siquiera las veces que creemos en los golpes de suerte, ya que estos no ocurren si no tenemos una mínima predisposición. Y es por eso que buscamos el placer de recorrer distintas tierras, para apreciar sus paisajes, conocer sus culturas y a su gente. Vamos tras la riqueza que no consiste en bienes materiales, si no en lo único que nos va a acompañar por el resto de nuestra existencia, la experiencia, la experiencia de viajar.

En la búsqueda de esta oportunidad, las vacaciones comenzaron siete meses antes de que las maletas cruzaran el umbral de la puerta de casa. Todo empieza con una idea, luego los análisis de factibilidad, la indagación de los destinos posibles, los millones de lugares a confirmar y descartar, etc. Esta bitácora va a tratar de plasmar un recorrido que nos llevará por cinco países, pero antes de cruzar la frontera, vamos a conocer el maravilloso Parque Nacional Cataratas de Iguazú.

Maravilla del mundo, vista desde Argentina

Las cataratas del Iguazú son un límite natural que nos separa de Brasil, debido a esto existe un parque a cada lado de la frontera, que tienen distintas perspectivas del mismo lugar. Nosotros arrancamos el paseo por el lado misionero, pero también fuimos del lado de los vecinos.

Estos saltos de agua son los segundos más grandes del mundo, antes de las cataratas del Niágara en EE.UU. y después de las de Victoria (90 metros de altura) en África. Tiene 270 saltos y casi tres kilómetros de extensión, su salto más alto es la monstruosa garganta del diablo de 84 metros de altura. Todos esos datos parecen sacados de un cuento de fantasía, hasta cuando estuvimos parados en la pasarela a apenas unos metros sobre la garganta del diablo, escuchando el estruendo de los millones de litros de agua cayendo al vacío seguíamos sin creerlo, pero las ráfagas de viento ayudaron para que las gotas de ese río nos salpicaran de realidad, para darnos cuenta que esa maravilla es más real que nuestras personas.

Dentro del parque que fue declarado por la Unesco como una de las nuevas siete maravillas del mundo, no sólo hay cascadas gigantes, también hay una gran diversidad de flora y fauna autóctona, que nos sumerge en una selva tan densa como excepcional. Del reino animal se destacan los monos, que son muy simpáticos y fotogénicos. De iguales características son los coatíes, pero estos son más atrevidos y sinvergüenzas, tanto que a la hora de almorzar, una parte de nuestra comida fue robada por uno de ellos. Con un calor insoportable y poco tiempo para almorzar, eso nos provocó una irritación importante, pero al poder razonar nos dimos cuenta que los invasores éramos nosotros, éramos todos los que estábamos ahí presentes, modificando y ensuciando su hábitat natural.

El Parque Nacional es el de mejor organización en infraestructura de todos los que conocemos, es muy accesible, es el más caro al que fuimos, pero por los servicios con los que cuenta tiene una muy buena relación de calidad y precio. Cuenta con trenes para hacer dos recorridos y sillas de ruedas todo terreno para personas con discapacidad. Los senderos están en muy buen estado y también son muy seguros y accesibles como para que puedan ir personas con bastón o movilidad reducida. El turismo está muy explotado, hay excursiones de todo tipo, desde botes semirrígidos que te llevan debajo de la cascada, paseos ecológicos por los ríos más tranquilos, hasta un helicóptero que se posa sobre las cataratas.

Baño de catarata, vista desde Brasil

En la mañana del segundo día de viaje nos dispusimos a recorrer el lado brasileño, pero antes de hacerlo conocimos a Andreu y Gerard, dos chicos de Barcelona que nos aconsejaron mucho sobre qué hacer y  cómo movernos en su ciudad, pero eso vendrá más adelante. Lo que también nos dieron fue una descripción de lo que a ellos les pareció las cataratas argentinas y brasileras. Para Andreu, en el lado perteneciente a nuestro país se vive una experiencia larga y placentera, en cambio en el lado verdeamarelho el paseo es corto pero intenso. En el momento que lo escuchamos no creímos estar del todo de acuerdo, pero luego de desayunar al estilo brasilero, con mucha fruta, salimos a comprobar si era cierto lo que habían dicho.

Desde la entrada hasta los puntos de interés, el PN brasilero tiene colectivos abiertos como los que hacen city tours en las grandes ciudades del mundo, te trasladan constantemente de un punto a otro. Desde arriba de ellos se ve como a escasos metros de la calle comienza una selva tan espesa que no permitiría entrar a una persona sin que tenga que cortar ramas o lianas para generar un hueco.

Garganta del diablo, una de las experiencias más intensas del universo Trippy

El sendero principal es un camino con escalinatas que te pone de frente a las cataratas y las vas apreciando de izquierda a derecha. Los puntos con miradores se vuelven hormigueros de personas para sacarse fotos, estar esperando el turno es un poco molesto pero cuando te sitúas en el punto panorámico todo se olvida por la majestuosidad de lo que estás viendo. Cada salto de agua parece más maravilloso.

El punto culmine de este paseo obviamente es la garganta do diablo, pero en este caso en vez de estar por sobre ella, estas de frente a unos metros por debajo. La caída es tan violenta que el agua se pulveriza y te moja como si fuese una llovizna muy potente. Muchos usan chubeiros (pilotines), pero estar en ese lugar y no ser bautizado por la garganta del diablo, es un pecado, así que como si fuese la ducha más linda de nuestras vidas nos dejamos bañar por las aguas del Iguazú. En ese momento la emoción era tan grande que no recordábamos las palabras del amigo catalán que sabiamente describió esta experiencia, pero acertadamente se convertirían en una de las más intensas de nuestras vidas.