En la noche del domingo Alejandro Marley nos presentó un ¿nuevo? formato. Algo prefabricado y testeado en otros países. Una combinación de shows pasados por la licuadora. En la base lo infalible: Gran Hermano, combinado con el estilo MTV y sus últimos éxitos: “Jersey Shore” (y tooodas sus adaptaciones), “Ex on the beach” y un poquitín de “Are you the one?”. El show cuenta con galas, debates y transmisiones en la trasnoche.

“Despedida de Solteros”, la fidelidad como excepción

“Despedida de Solteros” presenta un escenario en el que doce parejas se separan durante 4 meses en dos casas diferentes repletas de fiestas y alcohol. Se supone que la pareja que consiga mantener su fidelidad contrae matrimonio y gana su primer vivienda propia. Dios, patria y hogar.

¿Qué es lo que nos puede interesar de este menjunje de miseria? ¿Qué es lo que ven estos señores de traje a la hora de importar este tipo de entretenimiento? ¿Por qué se supone que nos agrada un puñado de gente siendo infiel en cámara? ¿Cuál es el entretenimiento de ver jóvenes en televisión con el corazón roto?

Reality show, volver a lo mismo

¿Por qué si es siempre lo mismo con mínimas variables seguimos mirando la caja boba? Si la fórmula es siempre la misma: Un transexual, una mamá que extraña a su hijito que quedó afuera, un integrante de la alta suciedad sociedad, un ex falopa con pasado oscuro, un familiar pseudo famoso, una promotora de Palermo y un humilde que termina siendo el héroe del show.

Todos sabemos que es basura reciclada, y a menos que te llames Marta, seas fan de Fede Bal y tengas 50 años, el consumo de este producto es de forma irónica. No es más que un placer culposo. Porque es así, lo mirás con odio, sabiendo que está todo muy mal hecho, terriblemente arreglado, y todas las situaciones son forzadas, tiradísimas de los pelos.

“Truman Show” y “1984”, películas nerdata para abrir el bocho

La televisión es morbosa y cruel. Sino miremos The Truman Show, un film en donde Jim Carrey es víctima de la sociedad, toda su vida es registrada a modo de reality con una ciudad inventada y actores que intervienen en su día a día. Su vida es una farsa de la cual todo el mundo disfruta, menos el protagonista.

Sin ir más lejos el padre de la tele-realidad, Gran hermano, no es más que una adaptación de la obra de George Orwell: “1984”. El Hermano Grande es el dictador de un nuevo orden social, en la cual la información, la libertad y el amor es regulada por el gobierno mediante una vigilancia masiva. Crudísimo descubrir que algunos programas de televisión no son más que una demostración a escala de un estado opresor. ¿Para que consumimos toda esta bola de miseria? ¿Acaso nuestra vida carece de drama y conflictos? ¿Escapamos de nuestra realidad sumergiéndonos en otro tipo de realidad? Para seguir pensando…

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