Clapper txt_Melisa Alarcón

La librería Americana nace en los principios del 1900, tras el sueño de un siciliano emprendedor, don Alfonso Longo, quien deseaba abrir un negocio innovador para la época: compra y venta de revistas usadas. De la mano de un puesto ambulante inició su trabajo un 2 de agosto de 1908, y luego de mucho sacrificio pudo establecerse en el edificio céntrico en donde aún hoy sigue funcionando.

Con sólo traspasar la puerta de ingreso de calle Sarmiento 1173 las sensaciones se disparan. A diferencia de los negocios que hay en la ciudad, en esta librería el aroma es único, tanto como la calidez de cada uno de los ejemplares que se distribuyen por sus muebles centenarios. Preservados como únicamente una familia puede hacerlo, aún sobreviven los divisores que don Alfonso Longo trajo desde Buenos Aires para hacer de su local el primero en ofrecer obras de saldo.

En sus comienzos la librería fue imprenta y papelería. Cuando el socio de don Alfonso se retiró quedó algo de imprenta, porque “acá tenemos cosas que dicen Alfonso Longo, no dice Longo y Argento, o sea que mi papá siguió imprimiendo. Por muchos años siguió siendo imprenta, librería y papelería. Después quedó como librería de nuevos y usados, más tarde solamente de usados. Y después no sé lo que será de la vida. Dios dirá”, resume la menor de los hermanos Longo.

Una herencia

Es calidez la que domina a la Librería Longo. Una calidez que perdura más allá de las temporadas, generada esencialmente por Amalia Longo, hija menor del sr. Longo. Ella es su única dueña, lleva adelante la travesía de la compra y venta de usados.

Y es que “Coqui”, como le gusta que la llamen, tiene 84 años y todos los días, como lo hacía desde pequeña acompañando a su padre, abre el negocio a las 08.30 de la mañana con mucho esfuerzo y dedicación. “Hay familiares que quieren que se venda, pero a las únicas que nos gustan esto es a mí y a mi cuñada, que hace poco falleció. Así que ahora sigo yo sola, pero este lugar es donde siempre estoy con alguien, se habla con mucha gente”, agrega.

Una mirada al interior

Mesas de madera llenas de estampillas y postales de todo el mundo, prominentes estanterías adornadas con telas de araña, libros envueltos en finas capas de polvo, y los reinantes cuadros, como si de una exposición se tratara, allí colgados. Al fondo del salón y bien arriba, un enorme cartel sigue invitando, como desde hace 109 años, a ingresar sin costo alguno.

Entre las valiosas piezas que se encuentran, una caja registradora del 1900 yace imperiosa en el mostrador. Un llamativo cartel detrás del mostrador que invitaba a pasar a las personas que no se animaban a ingresar en esa nueva temática negocio-biblioteca, allá por el comienzo de la década del ’10. El clima en cada rincón también se modifica en la librería más antigua de Rosario, esa que en agosto del 2008 cumplió el centenario de vida y obtuvo un reconocimiento del Concejo Municipal.

En la librería Longo, el tránsito no es permanente. Mucho menos vertiginoso. En esta librería el tiempo, también, transcurre con otra métrica. Longo subsiste sin más respaldo que, justamente, los que visitan su centenaria vigencia y la abandonan libro en mano. Sin dudas, un emblema rosarino que perdura en el tiempo.

 

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