Clapper txt_Álvaro Arellano

El valor relativo entre la verdad y la mentira responde a la búsqueda intencional y constante de la tergiversación y distorsión de los hechos, o directamente a la invención de los mismos. Comprender la gravedad de esta situación, quizás nos arrime a reconocer una industria comunicacional que produce desconocimiento, o peor aún, garantiza una (re)producción continua de conceptos inexactos sobre hechos inexistentes.

Los métodos propagandísticos van desplazando los manuales sobre teoría de la comunicación, dejando de lado el intento de reflejar los acontecimientos, ya que el esfuerzo está depositado en que lo que suceda avale una postura, por más que eso se aleje de lo que verdaderamente ocurre. Surge así un tríptico temerario, conformado por un dato arrojado sin chequeo previo o con animosidad, receptores vulnerados con dicha información como cierta, y (al menos) un involucrado en dicha causa, afectado por una divulgación incierta que ya está instalada entre miles.

Del contrato de lectura a la cláusula leonina

Lo que en medicina se conoce como mala praxis, y responde a una negligencia médica, en materia mediática expone un vacío legal, o queda sujeto a derechos individuales de terceros, contenidos en la Constitución nacional, pero que hoy en día no se aplican a tales casos. La problemática alcanza el mismo grado de certeza como de gravedad, pero… ¿qué o quién genera esa desinformación?

“Lo que se conocía en teoría de la comunicación como el contrato de lectura, ahora se ha hecho más una cláusula leonina, uno escucha lo que quiere escuchar”, suscribe el conductor de Los Días Contados, que reconoce la complejidad contextual mediática, pero asegura conocer ese límite fronterizo con la tergiversación o desconocimiento de hechos. Reafirma además la idea de que se vuelve muy difícil conocer la verdad a través de los ojos de los medios, ya que “lamentablemente desde ya hace mucho tiempo el empeño está puesto en tener razón más que en conocer la realidad”.

La única verdad es la posverdad

Feldman explica que con el fenómeno de la posverdad se experimenta una situación donde se reafirma o ratifica constantemente lo que uno ya cree de ante mano, y lo define como “un producto de la condición humana de estos tiempos”. Identifica, dentro de los contra que implica el avance a pasos agigantados de soportes y redes, uno de los causantes de ese nuevo paradigma: “Si vos no tuvieras un soporte a través del cual te están lavando el cerebro todo el tiempo, es muy difícil que puedas creer determinadas cosas”.

La deformidad o la restricción que sufre el proceso de comunicación actual, no responde unilateralmente a una escasez de formación y criterio por parte de quienes toman el micrófono o ponen la cara frente a una cámara. Ante la existencia de esto último como parte del problema, el periodista agrega otra vicisitud correspondiente a los tiempos que corren: “La preocupación por la posibilidad de expresarse empezó a ser cercenada por condicionamientos económicos a partir de pautas oficiales, y por la dispar proporción de fuerzas que hay en cuanto al discurso de un sector muy grande del periodismo, sobre hechos que son verificables, pero que son desvirtuados y deformados”.

Aplicar el debido proceso

Así como considera necesaria la profundización del debate sobre estas temáticas dentro de escuelas de periodismo, redacciones u organizaciones sindicales, el director del matutino Rosario12 desestima la posibilidad de que un nuevo marco regulatorio pueda frenar ese efecto nocivo de los medios sobre el público. “Yo creo que los límites están en el código penal, el tema es que se aplique la ley como corresponde con debido proceso y garantías absolutas”. Y agrega: “Si existiera una colegiatura periodística o de ética, ¿quién lo regula?, ¿quién elige a los integrantes de ese comité que va a juzgar mi conducta?”.

Avances hacia la verdad

Claro que la proliferación de los nuevos soportes puede ser funcional a la existencia de la posverdad, así como también su aprovechamiento puede descentralizar la información. “Estas nuevas alternativas condicionan un poco a los grandes medios de comunicación, que ya no pueden dar una única versión de la historia”, a lo que agrega que las modificaciones tecnológicas “permiten encontrar resquicios que antes no había”. Esgrimiendo a través de ambas cuestiones una exposición y un avance que evita la existencia de hechos ocultables o camuflados.

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