En 2004 el periodista inglés Ben Hammersley fundamentó lo accesible y conveniente que resultaba producir un programa radial on-line, sosteniendo que la web es la plataforma ideal para la retro-alimentación entre el emisor y receptor. En el mismo artículo, definió Podcasting uniendo los términos iPod + broadcasting (radiodifusión). Desde entonces, la radio enlatada fluye en Internet, posicionándose poquito a poquito como medio de comunicación alternativo.

Alabado sea nuestro colega pirata, padre del formato.

Hablamos de archivos de multimedia producidos y editados, con una duración variada, con cierta regularidad y aditivos como subtítulos, notas, efectos y chiches periodísticos.

Una herramienta increíble para el pibe que sueña con los medios de comunicación; algo así como una prueba piloto del espacio radial propio. Cualquiera con la intensidad suficiente para hablar de lo que guste durante 40 minutos tiene su lugar.

Podcast, para todos los gustos y expresiones

Desde el esqueleto tradicional de un programa radial, hasta audio-libros, recetas y lecciones; la carta es extensa y las historias abundan. Navegando por la fauna del podcasting encontrás humanos hablando y debatiendo todos los colores: amor, cine, música, sexo, política, espectáculos, religiones, alcohol, café, policiales, ovnis, Games of Thrones y Star Wars. Desde charlas TED, hasta recetas de cocina, no debe existir nada más bello que hablar sin parar sobre lo que te apasiona y que, a la vez, en algún rinconcito de la ciudad, haya alguien esperando para escucharte. Tal vez alguien esté esperando tu Podcast sobre estampillas o platos fríos.

Guía rápida para hablar en la nube

Un buen candidato es Soundcloud, el sitio está disponible para que subas tus archivos de audio, agregando título, descripción y portada. Aún así hay alternativas en forma de app, como Spotify que recientemente se expandió en el terreno del podcasting. Y siempre vas a tener una opción más tradicional: Podcast Republic, quien viene laburando el formato hace años y nunca falla.

Tu obra va a necesitar un nombre, y muchas veces es la parte más difícil. Es como tener un hijo o un pequeño Frankenstein. Basta con una o dos palabras que resuman su existencia y que, con sólo ver el título, tu potencial audiencia sepa por donde viene más o menos la mano. De todos modos, si tu laburo está bueno, el nombre pasa a segundo plano.

Ordená ideas. Con un micrófono y un programa de edición en el que puedas cortar y pegar audio ya estás. Podés hablar de la serie nueva de Judd Apatow, del disco nuevo de Lorde o del humus que comiste en las colectividades el noviembre pasado. Subilo a la red y complementá con difusión en las redes sociales.

 

Expresiones emergentes que abren puertas

Internet da para todo y abre puertas llenas de herramientas y formatos para modelar. Aprovechá, que toda esa información que tenés dando vueltas en la cabeza y creés que no sirve para nada, puede producir algo piola. Y, en el caso que no te guste o sentís que no es algo nuevo, siempre va a existir la flechita para borrar. Cajoneá y pasá a otra cosa. Cualquier tipo de expresión es bienvenida y en Clapps! estamos preparados para escuchar y darle cabida a todas esas historias (in)visibles que respira Internet.

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