Clapper txt_Camila Ferrari Kaplan_Feb_2018

Mi abuela murió en Bahamas, de vacaciones con mi abuelo, a sus 74 años. Se acostó a dormir frente al mar y así sin más, nunca se despertó. La cosa es que, desarmando sus maletas, entre productos de maquillaje y tacones, la abuela tenía también un lubricante íntimo. Yo sabía que mi abuela era una mujer activa y coqueta, muy diferente al estereotipo de abuela, pero de esa manera me enteré que mis abuelos aún con su edad tenían sexo. ¿Así que la etapa post-menopáusica de las mujeres también es sexual? ¿cómo es que nadie habla de eso?

Parecería ser que la sexualidad, la vitalidad, la belleza y la felicidad son conceptos que lejos están de la llamada “tercera edad”, y más aún en las producciones de ficción. Las representaciones de “la abuela” -cuando las hay- suelen ser mujeres envejecidas, asexuadas, quizás enfermas o con disminución de capacidades mentales, que no pueden –o no deben- ser objetos de deseo. Normalmente aparecen en roles de cuidadadoras amorosas de sus familias, o aisladas en la soledad y la depresión; o ambas. Una mujer así no logra el protagonismo de ninguna ficción.

Grace y Frankie, cuarta temporada 

A pesar de esto, Netflix ha lanzado el 18 de enero la cuarta temporada de una serie que sitúa como central el debate sobre el vigor y la sexualidad de las mujeres de edad avanzada. Grace y Frankie es un éxito de la compañía. Una serie de la que se habla poco porque dice mucho.

Grace y Frankie, aprender a vivir a los setenta

La comedia se inaugura como una explosión. Los esposos de Grace y de Frankie, abogados y socios desde hace 40 años, las sientan en una cena como otras tantas que han tenido, para decirles que son homosexuales, están enamorados hace 20 años y quieren casarse, por lo que ambos necesitan el divorcio. Comienza así la aventura de estas mujeres, que ya entrados los 70, deben aprender a vivir nuevamente. Y lo más interesante de la cuestión es que lo hacen. Con dinamismo, perspicacia, bajas y altas, nos demuestran que la etapa de la vida vista como la decadencia misma puede ser increíblemente liberadora.

En este camino, Grace y Frankie fundan una compañía de vibradores para mujeres mayores con problemas de movilidad, junto con un lubricante natural. Esta serie sitúa el debate en la vida sexual activa de las mujeres mayores, pero va aún más allá y rompe con todos los estereotipos de la vejez: estas abuelas saben usar ordenadores y móviles, hacen ejercicio, tienen intereses variados, su vida no gira alrededor de sus nietos, son personas útiles y activas, con deseos y emociones válidos.

Por supuesto que la serie no es perfecta: sigue situándose desde una visión de mujer blanca, heterosexual y de clase media-alta en la sociedad de Estados Unidos, que muy lejos está de la pluralidad de representaciones. Sin embargo sigue siendo necesaria para poner el eje en algunas cuestiones normalmente invisibilizadas sobre la última etapa de la vida. Más representaciones de este tipo no son solo indispensables, sino necesarias para derribar los mitos del imaginario colectivo sobre las mujeres mayores. El sexo también puede ser de la abuela.

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