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Ninguna postura con respecto al debate sobre la despenalización del aborto alterará la esencia del feminismo como camino de ida. Ese carácter irreversible se materializa en sólo palpar el ambiente y evaluar cambios de paradigma y de conducta en virtud de la metamorfosis que ha logrado instalar el movimiento de mujeres en el inconsciente colectivo sobre la percepción de género. La discusión del tema en el seno legislativo a esta altura resulta tan innegable como el avance y las conquistas de la lucha feminista.

El análisis en torno al tema, de hecho, intenta despojarse de la binarización que tanto reduce y condiciona a la generalidad de cuestiones que forman parte de la agenda en nuestro territorio. Sintetizar la discusión en aborto sí, aborto no, desestima el contenido de una propuesta que efectivamente confluye en legitimar la interrupción voluntaria del embarazo, pero que en realidad tiene un sustento más profundo y argumentos preventivos para no tener que correr la problemática de atrás, como lo es la educación sexual integral.

Ese marzo de 1911 comienza a recobrar valor cada año a través de iniciativas masivas que abordan temáticas de agenda, y que a su vez reivindican a la mujer trabajadora. Aquella fecha marcó el siniestro en una fábrica de indumentaria en Nueva York, tras lo cual fallecieron 146 personas, en su mayoría mujeres. La organización femenina, con especial énfasis estos últimos años, logró re significar esta fecha a través de movilización y debate masivo acerca de la igualdad de género.

El debate que no se puede negar

El proyecto de despenalización del aborto comienza a discutirse en las comisiones del congreso de la Nación y Sonia Tessa explica: “Esto se debe a la infatigable tarea del movimiento de mujeres que no empezó con esta campaña, pero se plasmó en una estrategia conjunta y transversal “. Esa transversalidad se manifiesta en la diversidad nominal que encontramos en el aval a la propuesta y refuerza la hipótesis de que la temática logró romper con la reducción a un dualismo.

Otra cuestión fundamental que remarca es que “ya no pueden oponerse a debatir, pueden oponerse a la aprobación, pero ya no se puede negar el debate”, en relación al sustento y la convicción del movimiento de mujeres trasladado ahora al debate parlamentario. La realidad arroja estadísticas innegables que convierten al tema en una cuestión de salud pública, es una práctica que se realiza, esté prohibido o no. “Despenalizarlo habla de algo que ya no puede ser alcanzado por el código penal, y legalizarlo implica que el estado lo pueda proveer”.

Indefectiblemente la causa ocupó agenda mediática central casi con respaldo absoluto al debate, o por lo menos con plena visibilidad del mismo, el tratamiento es otro tema. Sonia considera que los medios “tuvieron que tomar nota” debido al contenido insoslayable del pedido. “Lo veo más abierto al debate en los medios, algo para saludar, como también aquellos quienes se oponen a nuestros derechos son cada vez más enfáticos en dicho ámbito”.

Lo personal y lo político

Ninguna mujer nace feminista y esto bien lo explica nuestra entrevistada con algunos quiebres provocados por el colectivo de mujeres en nuestro país. “El Encuentro Nacional de Mujeres de manera sostenida viene ampliando el espectro de las demandas del movimiento, imaginate que hay 71 talleres y ahí hay muchísimas mujeres trabajando en conjunto, en cuestiones que se plasman, por ejemplo en la campaña por el derecho al aborto”. Otro hito según considera, se trata del 3 de junio de 2015, donde nace el Ni una menos, luego del femicidio de la adolescente Chiara Páez, tras lo cual se convocó a una multitudinaria movilización en Plaza de los dos Congresos. “No habría campaña por el aborto ni Ni una menos sin el Encuentro”, sintetiza.

Si hay algo que caracteriza al movimiento feminista es la unanimidad a la hora de consensuar cuestiones que van por delante de la diversidad de intereses partidarios propios también de esa interna. “El colectivo crece desde movimientos que vienen desde abajo, es transversal a todos los partidos y a todos los sindicatos”. Ante la ruptura de esquemas que han planteado re-discutir, habla de la existencia de “miedos de algunos sectores por este avance imparable ya que pone en jaque a sus privilegios”.

Y en referencia a esos sectores opositores, o que buscan despegarse del feminismo aludiendo no sentir representación del movimiento, sintetiza: “Sienten en jaque esos privilegios pero también porque nunca se detuvieron en ello pensando que es algo natural, lo que viene a hacer el feminismo es desnaturalizar esos privilegios”.

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