Esta semana dos noticias sacudieron el internet. En primer lugar, Amazon mostró su concepto de tienda sin empleados.

En una línea similar, Uber empezó a trasladar pasajeros con vehículos autónomos sin conductores en San Francisco y planea extenderse a lo largo de Estados Unidos.

Ambas noticias se pueden tomar como un símbolo de cambio, ya que si bien las experiencias no están del todo pulidas, las tecnologías usadas para llevar esto a cabo existen y están prácticamente listas para ser usadas en masa.

La experiencia de la no experiencia
Tanto Uber como Amazon buscan que nuestra experiencia con sus productos sea perfecta, casi única.

Todo aquel que usó Uber debe haber notado su facilidad de uso: no es necesario manejar dinero ni interactuar con el conductor, sumado a que la ruta y el costo están preestablecidas dentro de la aplicación, por lo que sólo resta sentarse y disfrutar del paseo.

Amazon plantea algo similar, mostrando una experiencia sin fricción donde entramos a una tienda, elegimos lo que queremos llevar y sin mediar palabra con nadie nos retiramos pagando cómodamente desde nuestro teléfono sin sacarlo del bolsillo.

Esto nos deja con una pregunta importante: ¿qué pasará con los trabajadores que hoy ocupan el lugar que en el futuro ocupará un robot?

Robots vs Humanos
Ya no está en discusión si algunos trabajos quedarán obsoletos frente a una computadora, sino cuándo esto va a suceder.

La tecnología está avanzando a pasos agigantados, haciendo nuestra vida más simple y dándonos más tiempo para realizar actividades que nos interesan y no realizando tareas fácilmente automatizables.

Esto sucede desde tiempos inmemorables, siendo nuestras abuelas y las lavadoras el mejor ejemplo: hace un tiempo mi abuela usaba 2 horas de su día para lavar, tarea que le demandaba tiempo y esfuerzo físico. Con la llegada del lavarropas, muchas de nuestras abuelas no sabían qué hacer y lo miraban mientras giraba. Ahora la mía aprendió que tiene dos horas más de su vida para mirar la novela o cocinar algo
delicioso.

Otro buen ejemplo es el de las tiendas de video, un negocio que quedó completamente destruido frente a Netflix. El internet se comió a una de las empresas más grandes del mundo pasado (Blockbuster) y sus empleados tuvieron que adaptarse a las nuevas épocas donde un VHS o un DVD no podían hacerle frente a la comodidad del streaming online con
helado desde la cama.

¿La solución?
El progreso tecnológico es inevitable. Muchos trabajos van a perderse en pos de la automatización.
Con este hecho en mente, es importante planear a futuro y tener en cuenta que los trabajos que no serán tomados por los robots serán aquellos que puedan agregarle un valor a la sociedad, ya sea por la creatividad, imaginación, por su realización artesanal o cualquier otra
cosa que una computadora no pueda hacer.

Parece ser que el arte, como siempre, salvará al mundo.

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