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La ciudad de Buenos Aires esconde entre sus calles algunas de las joyas arquitectónicas más emblemáticas. Palacios, mansiones y residencias cuyas historias se nutren de la riqueza cultural de una inmigración constante a través de las épocas.Más allá de las imágenes icónicas con las que el mundo entero la identifica, la capital Argentina esconde lugares desconocidos por la mayoría de los turistas que enriquecerán tu viaje. Algunos edificios, por supuesto, se destacan por encima de otros, como patrimonios porteños únicos que hay que preservar a toda costa. ¡En Clapps te animamos a salir de lo convencional y descubrir una parte esencial de Buenos Aires!

1- El Zanjón de Granados

El Zanjón de Granados, un pequeño arroyo que cruzaba el barrio de San Telmo en el pasado, fue redescubierto accidentalmente en 1985 bajo una casona construida en 1830.La mansión que se puede visitar en la actualidad, fue construida para una acaudalada familia española dedicada a la comercialización de cuero durante el siglo XIX, con la llegada de la fiebre amarilla se vieron obligados a abandonar su hogar dirigiéndose al sur de la ciudad.

Posteriormente el edificio se convertiría en un conventillo en el que se hacinaron decenas de familias pobres tratando de sobrevivir. Años más tarde el edificio cayó abandonado y permaneció clausurado hasta que comenzaron las obras para convertirlo en un local de tango. Fue en este momento cuando se descubrió que se trataba de un lugar con una importante historia.

2-Palacio Barolo

El arquitecto italiano Mario Palanti construyó este palacio a pedido del empresario textil Luis Barolo, diseñando incluso los elementos de detalle como picaportes, lámparas y jaulas de los ascensores, en un caso de auténtico concepto integral. El edificio tiene varias referencias a la Divina Comedia, motivadas por la admiración que su creador profesaba por Alighieri.​ La división general del Palacio sigue la estructura de ese libro. Por eso, al igual que este, tiene tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo,cuyo el faro representa al Empíreo.

Además, la división estructural sigue en todo una correspondencia exacta y el Faro representa a los “Nueve Coros Angelicales”. Uno de los planes de Barolo y Palanti era trasladar los restos de Dante al edificio, que funcionaría como mausoleo del poeta. La estructura tiene 100 metros hasta la punta del faro, mismo número de cantos del poema. Veintidós son los pisos, al igual que las estrofas de los versos.

3-Un Chalet con vista al Obelisco

Parémonos junto al Obelisco, miremos hacia arriba, en dirección a Sarmiento y Cerrito, y,ahí está. ¿Qué ciudad tiene, en pleno centro, un chalet de dos plantas más desván construido sobre la terraza de un edificio de nueve pisos?

La construcción del chalecito, junto con la de todo el edificio, finalizó en 1927 a nombre de don Rafael Díaz, un inmigrante valenciano llegado a la Argentina por el 1890. Luego de múltiples trabajos, se asoció con un grupo de españoles y en 20 años consiguió fundar Muebles Díaz, pioneros en vender mobiliarios con financiación.

De esta manera, Díaz, que vivía en Banfield, decidió construirse un chalet en el techo del edificio para almorzar y dormir una siesta antes de retomar la jornada laboral, ya que por aquellos años, viajar hacia el Gran Buenos Aires llevaba demasiado tiempo y no lograba aprovechar bien el día.Su estructura era simple: tiene dos pisos y un altillo. Su diseño estaba inspirado en el estilo Normando nacido en Francia que tanto se podía apreciar en la arquitectura marplatense. El techo fue realizado a dos aguas y con una marcada inclinación.

Años más tarde, don Rafael pudo observar bien de cerca la construcción del ahora icónico Obelisco porteño en 1936 y la inauguración del primer tramo de la avenida 9 de Julio en 1937. Tenía la vista perfecta; una ventana hacia un Buenos Aires en evolución y en constante crecimiento; en su época de mayor esplendor, cuando todo parecía posible y el cielo era el límite. Y fue también una gran estrategia publicitaria. Su negocio se conocía de boca en boca como “la mueblería del chalecito” y los pedidos no dejaban de llegar. Además, se convirtió en una postal porteña y no paraban de arribar medios extranjeros como la revista LIFE a fotografiar esta extraña curiosidad.

4-Casa de los Lirios

La influencia de Gaudí se extendió más allá de su Cataluña natal, y llegó hasta Buenos Aires, la pujante capital de la Argentina, cuyas élites tenían a Europa como su faro cultural. A principios del siglo XX, el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega (1878-1931) diseñó el edificio conocido como “El Palacio de los Lirios”.

Está constituido por tres plantas altas, la central en un plano más avanzado que acentúa la línea general ondulante del edificio, de la que participan los muros, los balcones, el enrejado y la baranda superior, con forma de hombre barbudo.Son también dominantes los mosaicos; el más notable -que a primera vista parece un vitral- se extiende a lo largo de todo el tramo superior. Y sobre él, la cornisa en forma de escamas de pez, acompañadas por otras formas de deidades (entre ellas, el dios del viento, Eolo) y monstruos, conjunto también rodeado de flores de cemento, todo lo cual remite claramente, por cierto, a la inspiración gaudiana. Abajo sobresale la artesanía de la puerta principal, de madera y hierro. Las paredes interiores, hasta la tercera planta, lucen un fino marmolado.

 5-No Hi Ha Somnis Impossibles

Separado por tan sólo 20 metros, la Avenida Rivadavia encuentra un protagonismo único en la ciudad de Buenos aires, ya que en ella se encuentran los dos edificios que entre 1903 y 1907 construyó el ingeniero Eduardo Rodriguez Ortega concebidos en el estilo art nouveau, con influencia del célebre arquitecto catalán Antonio Gaudí.

En Rivadavia 2009, esquina Ayacucho, hay otro edificio proyectado por el mismo arquitecto, con pinceladas gaudianas.La huella del genial arquitecto catalán se advierte fácilmente al observar su cúpula, con 952 piezas de vidrio espejado. Debajo de ella hay un obvio homenaje a Gaudí: la inscripción en lengua catalana “NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES”, que en castellano significa “No hay sueños imposibles”, agregada por el arquitecto Fernando Lorenzi quien remodeló la parte superior del edificio en 1999.

6-Manzana de las luces

La Manzana de las Luces es una manzana histórica de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que se encuentra rodeada por las calles Bolívar, Moreno, Alsina, Avenida Julio A. Roca (Diagonal Sur) y Perú (esta última continuación de la peatonal calle Florida). Es uno de los principales complejos históricos de la ciudad y alberga varias de las construcciones más antiguas, como la Iglesia de San Ignacio, que es considerada la de mayor edad que todavía se conserva en pie en Buenos Aires, obra de los jesuitas que se habían instalado allí.

Por debajo de la Manzana de las Luces corren algunos de los túneles construidos en la época colonial, utilizados para la defensa y el contrabando. Como si se tratara de un viaje en el tiempo, quien recorra la Manzana de las Luces podrá tener una mejor idea de cómo era Buenos Aires antes de la Independencia, recorriendo la Iglesia de San Ignacio, la Procuraduría de las Misiones, la Sala de Representantes y los túneles del siglo XVII.

Quedó identificado por primera vez con este nombre en un artículo del periódico “El Argos” en 1821. Se lo llamó así por las instituciones de carácter cultural que funcionaban allí: el Colegio de San Ignacio -hoy Colegio Nacional de Buenos Aires-, el antiguo edificio de la Universidad de Buenos Aires, el primer teatro, el primer museo de la ciudad, la Real Imprenta de Niños Expósitos y la Biblioteca Nacional.

 7-Edificio Otto Wulff

En la esquina de la avenida Belgrano y Perú se destaca un edificio que, a primer vista, se podría interpretar como una construcción esotérica o masónica; sin embargo ese edificio guarda una historia local y, a su vez, relacionada con un imperio europeo de la época de la primera guerra mundial.”La casa de la vieja virreina” fue otra denominación dada el edificio Otto Wulff cuando se lo inauguró, en 1914, en Belgrano y Perú, barrio de Monserrat. Se aludía a la casona que, a partir de 1801, fue residencia de Joaquín del Pino y Rozas, octavo virrey del Río de la Plata, a quien su viuda sobrevivió hasta edad muy avanzada.

Después, la casona fue residencia obispal de la ciudad de Buenos Aires y, luego, vivienda del ministro de Portugal ante la Confederación, hasta 1878. El 23 mayo de ese año abrió sus puertas el Banco Municipal de Préstamos, antecedente fundacional del Banco Ciudad de Buenos Aires. El Montepío cerró en 1911. Tres años después, los últimos restos de la casa de la vieja virreina fueron demolidos y comenzó a erigirse el Otto Wulff.

Este pionero “rascacielos” porteño comenzó su construcción en 1912, fruto de la sociedad que formaron los empresarios Otto Wulff y Nicolás Mihanovich, quienes adquirieron el terreno, puesto en subasta en la suma 60.000 pesos. Allí se estableció la sede de la delegación diplomática del Imperio Austrohúngaro, del cual Mihanovich era cónsul honorario en la Argentina.

8- Farmacia la Estrella

La Farmacia La Estrella forma parte de la historia nacional. Fue el Dr. Bernardino Rivadavia el creador de esta primera botica de la ciudad de Buenos Aires, cuando en 1834 encargó a un importante bioquímico y botánico la dirección de la misma. Con el tiempo, y ya bajo otro dominio, se sumó la droguería a la farmacia, llegando a convertirse en la más importante de Sudamérica. Además de su actividad comercial, en sus salones se realizaron importantes tertulias por donde pasaron las figuras más destacadas del ámbito político como Carlos Pelligrini, Julio A. Roca, y Bartolomé Mitre, entre otros.

En 1970, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires adquirió este edificio, que había sido construido en 1895 por el propietario de la Farmacia de la Estrella, para utilizarlo como sede del Museo de la Ciudad. El local comercial, instalado allí en 1885, es una de las farmacias más antiguas y conserva sus muebles y murales originales. Aunque todo el conjunto pertenece en la actualidad al Museo de la Ciudad, el local está concesionado, por lo que continúa con su destino comercial.

9-La Colorada

Ubicado en la esquina de Cabello y República Árabe Siria, el inmueble es testigo impávido de la cosecha del neoclásico inglés en las calles porteñas.Fue proyectado y construido por el ingeniero-arquitecto británico Regis Pigeon en 1911. El edificio era de su propiedad, y alquiló los diferentes departamentos al personal jerárquico de las empresas ferroviarias como el Ferrocarril Central Argentino, que eran de capitales ingleses. El edificio pasó luego a manos de la familia Mitre, hasta que fue vendido en propiedad horizontal en 1953.

Los ladrillos fueron importados de las islas británicas en los barcos que volvían de llevar granos a Londres desde Buenos Aires, al igual que las aberturas de madera; la pinotea de los pisos y todos los hierros para montar como un mecano la estructura portante (otra particularidad del edificio), además de los puentes/pasillos que hacen a la circulación interna; barandas; las rejas de puertas y balcones y de la marquesina ubicada sobre la entrada principal de Cabello 3791.

10-Palacio Hirsch

El Palacio Hirsch se levanta imponente en la esquina de Conde y Juramento. La ubicación no fue definida al azar por su impulsor, John Angus, un ingeniero mecánico nacido en Escocia en 1858 que se enamoró de la Argentina. Instalado en Buenos Aires, Angus fue gerente del frigorífico River Plate Fresh Meat Co. de Campana, el primero que hubo en el país, fundado por George Drabble en 1883. Su casa debía estar cerca de la estación Belgrano R del entonces Ferrocarril de Buenos Aires y Rosario, un medio rápido para llevarlo a Campana.

Angus y su familia disfrutarían pocos años de la señorial casa ya que, en la década de 1910, compró la propiedad Alfredo Hirsch. Este hombre judío, nacido en Alemania, llegó a ser presidente y copropietario del grupo Bunge y Born, además de un refinado coleccionista de arte. Su exquisito gusto lo llevó a comenzar con las modificaciones de la residencia, que con el paso de los años y las ampliaciones llegaría a ser conocida como la “Residencia Hirsch”.

En la actualidad, la casa tiene cinco plantas y conserva en funcionamiento el ascensor original de marca Otis, que fue el segundo que se instaló en el país. Entre otros elementos modernos,contaba con sistema de “aspiración central”. De esta forma, quienes se ocupaban de la limpieza solo necesitaban llevar un tubo para poder limpiar.