Clapper txt_Álvaro Arellano

A veces, definir una imagen como portadora de un valor superlativo al de mil palabras, pareciera reducirse a una concepción cómoda. La fotografía se entrega a interminables interpretaciones, es que pareciera que ese proverbio chino busca simplificar el poder de la percepción, como si una toma sintetizara todo, cuando en realidad lejos de eso, una captura amplía la sensibilidad sobre la realidad abriendo lugar a la imaginación, corriéndose de una concepción única.

La fotografía no se mide, no se somete a una escala de valores, se brinda, genera, despierta sensaciones y nos traslada a otros espacios, a otros contextos a través de un trazo, un color, un enfoque. Quizás eso a veces, sólo a veces marque una diferencia cualitativa con la palabra, aunque mejor es hablar de similitudes, y del complemento que pueden lograr ambas herramientas, el poder de la imagen con la sensibilidad de la palabra.

Esa charla entre la foto y la letra, configura un poco el armado de esta muestra. Una suerte de departamento de pasillo (o como se lo llame en el código urbano), conformado por monoambientes, habitados por propuestas artísticas más que diversas. Aunque diversas, no dejando de confluir en el hecho de ser producto del ojo, la mano y el criterio de artistas que hicieron el éxodo de las filas de alumno al cuadro de expositores.

Las obras dejaron de ser fotos sueltas para ser un cuerpo de obra, y nos pareció que era mostrar las distintas miradas que hay dentro de la escuela “, sintetiza Andrea Ostera, seleccionadora de las obras y guía de quienes expusieron al público. De las partes al todo como muestra, y de la nostalgia a las nuevas técnicas para “una hibdridación de recursos”, explica Andrea, a modo de prólogo para nuestro recorrido:

La primera imagen nos remite al encuentro con María Virginia Molinari, rafaelina que nos pone de cara a los espacios que habita el cuerpo: “Se trata de poner el foco y la atención en el cuadro para presenciar el cuerpo, la incomodidad, lo sugerente. Con pequeños gestos y también mostrar algo de la imposibilidad, hacernos cargo y conscientes de que tenemos un cuerpo y de como lo usamos”.

La segunda estación nos lleva al encuentro con Bruno Gloriani, pergaminense en la búsqueda de correrse de ese movimiento estático de lo que fue: “Este viaje arranca pensando la relación con el paisaje cuando uno está viajando. Uno se sube a un colectivo y ve que el tiempo y el paisaje van pasando y no existe una capacidad de retenerlo o contemplarlo. A partir de ahí la relación entre el punto de partida y la llegada a los lugares donde uno va viajando”.

Cesar Perez Fleming nos abre el panorama a la mirada de un limeño, en su búsqueda de reconocimiento del espacio y apropiación de lo extraño: “A través de la fotografía vi una buena herramienta para poder expresar lo que sentía en esos instantes de extrañamiento, y me dediqué a interrumpir, suspender la realidad, la imaginé, cómo plasmar el tiempo de lo que uno está viviendo, con mi propio sentir”.

En un viaje retrospectivo, Elvira Ferrazzini, crédito local, nos ofrece un rincón para viajar al pasado con sus tomas: “Son fotos hechas con una cámara de los años 30, y en vez de usar rollos usé papel sensible. En mi trabajo contemplo, me tomo el tiempo para retratar, sea espacio o gente, y un poco de esto de vagar con la cámara y elegir el tiempo para tomar la foto. Es ese espacio íntimo entre mi cámara y lo que me rodea”.

El sprint final, el monoambiente del rosarino Germán Ruhl, le da un cachetazo a nuestro intento de querer diagramar, de esa búsqueda por tener todo bajo control y de perseguir un orden en todo (incluso en esta recorrida). Parafraseando a la escritora rosarina Julia Enriquez, nos abre una ventana a su muestra: “Quisiéramos haber surgido del orden, tender al orden, estar destinados al equilibrio, pero una y otra vez todo parece indicar que los cimientos están desencajados por definición. ¿Por qué nos inquieta el desorden? ¿Por qué solemos asociarlo con la disfunción, la improductividad? Asumirnos como seres caóticos es comprender que nada pertenece realmente a ninguna parte”.