Según Wikipedia se llama graffiti o pintada a una “modalidad de pintura libre, destacada por su ilegalidad y generalmente realizadas en espacios urbanos. Son textos y dibujos creativos, con fines de divulgación y expresión, con aires de cambio y actitudes rebeldes”.

En la prehistoria el hombre desarrolló una forma de expresión que, a través de la evolución, aún practicamos. La pintura rupestre representaba el arte, la comunicación y la documentación del relato en la era paleolítica, exponiendo las prácticas habituales entre animales y seres humanos en el medio ambiente: relatos cotidianos.

Graffitis, arte que resiste el paso del tiempo

No es extraño entonces que nuestras paredes, como 40.000 años atrás, tengan más de un testimonio para dar. Nos susurran que tal es un gato, Que queremos justicia por Fulano y que Mengano intendente. Que “ni una menos” y que “no se olviden de Cabezas”. “Que un equipo abandonó”, y que “otro se fue a la B”.

¿Qué historias se esconden detrás de los apodos del fútbol local? ¿De dónde viene la chicana de “Sin aliento”? ¿Y “pingüino”? ¿A quiénes recordamos con las bicicletas pintadas en las esquinas? ¿Quiénes son los autores de los graffitis de los galpones que tanto aman las quinceañeras y sus books de fotos? ¿Por qué hay tantos murales de gorilas distribuidos por Rosario?

Mitos urbanos en bicicleta

En otras oportunidades hicimos énfasis en la cantidad de memorias que la ciudad esconde pero en realidad no están tan ocultas, sino que podemos verlas plasmadas en las paredes que ignoramos día a día. Esquinas, plazas, casas, instituciones y portones asoman pistas. Nos muestran puntitas de comienzos, finales y protagonistas de relatos que piden ser oídos. Próximas generaciones se preguntarán por personajes que vemos habitualmente en nuestra ciudad, así como nosotros desconocemos figuras urbanas que hoy viven a modo de graffiti.

-Mami, ¿Quién es Pocho?-

Desde el 125 por calle Santa fe, dos palabras escritas con aerosol y a mano alzada llamaron mi atención: “Pocho Vive”. A mis 10 años de edad, nunca había escuchado ese nombre, y en la escuela la seño nunca había hecho ningún tipo de referencia. Tenía que preguntarlo ( y menos mal que lo hice). Resulta que en mi ciudad vivió un ángel. Si, un ángel de jeans rotos. Claudio Lepratti repartía comida en su bicicleta y un día lo mataron en el techo de un comedor. Sin embargo, el ángel seguía vivo, o al menos eso decía una pared en la parada de Entre Ríos.

Cachilo, poeta de los muros que llegó al rock

Pero, antes, existió otro personaje místico y con un nombre aún más intrigante: “El Poeta de los muros”. Cachilo fue un linyera malhumorado, oloroso y rosarino. Higinio Alberto Maltaneres se instaló como vagabundo en 1979, haciéndose llamar Cachilo. Era un poeta que usaba los muros como lienzo.

Quienes lo conocieron lo recuerdan caminando por el centro a paso lento y arrastrando latas de pintura con un piolín. Nunca se bañaba, tampoco hablaba con la gente, y los vecinos no lo querían. Llamó la atención de escritores, artistas, críticos y cineastas, y fue protagonista de artículos, libros e inclusive en internet aún se encuentra un documental.

Cachilo falleció en la puerta de un edificio céntrico en el año 1991. Hoy en día, la biblioteca popular de Virasoro al 5600 lleva su nombre y fue declarado artista distinguido de la ciudad. Maltanares todavía es recordado por versos como “Si los crotos tuviéramos sindicato, no trabajaríamos nunca” y “Conviene saber: se vive según la edad que se tiene”. Ahora, si quieren conocer de la mejor manera los textos de Cachilo, nada mejor que escuchar la canción “Trola Coca Cola” del músico y compositor rosarino Gonzalo Aloras, la cual está compuesta por fragmentos de textos del recordado Cachilo.

Red Hot Chilli Peppers, a la vuelta de tu esquina

Las paredes durante mucho tiempo fueron espacio publicitario para bandas emergentes de una generación anterior. ¿Cuántas esquinas vemos escrachadas con títulos como “Perro Suizo” o “Muerte en Pogo”? Así mismo, también nos encontramos con artistas no tan nuevos, como el John Frusciante que habita en calle Buenos Aires. Desde un mural imponente, nos observa el ex guitarrista de los Red Hot Chilli Peppers con una pose expectante y ojeras marcadas. Aunque no tan oscuras como las del Edgar Allan Poe que intimida desde la puerta del supermercado de Urquiza y Mitre, que te mira fijo desde su demencia y frialdad.

La cultura emerge de las paredes. Tal vez el papel de los libros no sea el único documento de la historia y quedar plasmado en un muro también sea una forma de trascender. “Las paredes son la imprenta de los pueblos” decía el escritor argentino Rodolfo Walsh, y cuánta razón tenía…

Escuchá “Trola Coca Cola” por Gonzalo Aloras