Clapper txt_Sebastián Stampella_Nov_2018

Una imparable rebelión de pibas en bicicletas; la celebración de los cuerpos y las múltiples formas del erotismo; las lenguas sin fronteras; el humor como un virus; y la convicción de que algo cruje y –ya no hay dudas– se va a caer. Paola Santi Kremer ya lo había adelantado a Clapps!: esos serían los temas que dominarían la presentación de su primer libro de poemas “Uma pérola en el centro de mis piernas” (Caleta Oliva editora) que el jueves pasado se llevó a cabo en el Túnel 4 del Centro Cultural Parque de España (CCPE).

Paola Santi Kremer, ¿quién dijo que la paz es blanca?

¿Quién dijo que la paz es blanca? Negro el universo. Negra la noche. Negra la más mágica magia dentro de mi cuerpo. La muerte sí es blanca; sintética e industrial”, lee la joven escritora brasilera. Ya no está en el túnel, sino en el Patio de los Cipreses, a donde invitó al público para el acto final.

A su lado, la bailarina Bárbara Rivero sumerge su cabeza en un balde con agua y luego la saca. Toma aire con un gesto de desesperación y clava la mirada en los presentes. La poeta sube el tono de su voz y sentencia: “El mundo, el hombre blanco, tiene sus días contados. Lo que se viene tiene esencialmente otra forma, otro ritmo, otro tiempo. Y fundamentalmente, otros colores”. Dos horas antes, por el escenario del Túnel 4, Maia Morosano, Rubén Orsini, Juan Pájaro, y Emanuel Joel, entre otros artistas, se apropiaban de las poesías de Paola y las resignificaban. Así, las palabras del libro iban cobrando forma en el auditorio con nuevas voces, nuevos ritmos, o en los movimientos de unas marionetas.

Paola Santi Kremer, juego de palabras de la vida migrante

Un padre que ya no está y que el humo del café -“de sua terra”– convoca en el centro de la casa, donde habita una noche en la que ladran los perros, y al que la poeta recuerda con plumas de ganso adentro y define como su mejor almohada. El clima emotivo que genera ese poema sigue con otro en el que aparecen otros donde lo lúdico, el juego de palabras, el azar, el absurdo y la simultaneidad aparecen como excusas para colar postales de la vida migrante: “En algún lugar cercano al Río de la Plata un inmigrante está sintiendo en su boca el amargor de su primer mate y entiende por qué hay gente que lo hace todos los días de su vida”.

Son poemas que yo empecé a escribir cuando llegué a Argentina, hace 3 años”, nos contaba la autora. “Escribo cada vez menos en portuñol a medida que me voy territorializando acá. En mi caso, lo que era un viaje ahora se transformó en un exilio”, decía en referencia al ascenso del fascismo en su país natal con Jair Bolsonaro. “Lo que hay en mis poesías es una búsqueda por la potencia en la movilización, en la felicidad. Una perspectiva positiva pero a la vez consciente”, agregaba. El momento más alto de la presentación del libro fue el aporte musical de Alto Guiso. Las chicas se despacharon con un funk furioso, tuvieron a la autora bailando en el escenario, y machacando sus palabras en una arenga por la diversidad y la liberación.