Clapper txt_Guillermo Puliti_Oct_2018

La historia condena al presente, lo hace predecible y, a veces, nos beneficia. Al igual que el dulce de leche o las papas fritas, el té fue un accidente chino que, hasta el día de hoy, forma parte de costumbres europeas, meriendas latinoamericanas, y tradiciones asiáticas. Esta es una infusión de las hojas y brotes de la planta del té. La planta es oriunda del sur de China, aunque ya se puede encontrar en todo el mundo.

Y cuando digo que la historia condena al presente, no exagero. La condena no siempre es mala y, a menudo, se da por causa de los errores o accidentes, digamos, en tiempo oportuno. La historia me recuerda a la creación de dulce de leche, se quemó la mezcla de leche y azúcar y dio como resultado un clásico de Argentina. O cuando un ayudante de chef de París, Francia, cortó muy finas las papas que tenían que freír para la cena y así nace lo que se conoce como papas fritas.

El té tiene la misma particularidad. Un accidente en el momento oportuno, con la persona adecuada para llevar adelante lo que hoy se considera una de las bebidas calientes más deliciosas del mundo. Más allá de los beneficios que contiene, el té logró unir culturas y armonizar al ser humano. Pero, ¿cómo nace esta maravillosa infusión?

Un cuento chino, el inicio del té

Según un cuento popular chino, el té nace bajo el mandato del emperador Shennong, hace más de 5000 años. Su nombre quiere decir “divino granjero” y fue quien incursionó en el arte de la agricultura. Cuenta la leyenda que mandó a hervir toda el agua para el consumo de la gente. Un día, mientras descansaba bajo un árbol de té silvestre, con una taza de agua hirviendo en su mano, la suave brisa del verano chino dejó caer varias hojas de la copa del árbol. Para fortuna de la humanidad, algunas hojas cayeron dentro de la taza de Shennong, cambiando el color del agua y el aroma. La mezcla fascinó al emperador y a todos los habitantes de su imperio.

Hoy, 5000 años más tarde, el té se convirtió en la bebida relajante por excelencia del mundo. Pero también, algunas culturas lo adoptaron como tradición. Por ejemplo, en Inglaterra el té es sagrado. La famosa “tea time” a las cinco de la tarde ha causado que hasta se piense que el té nació allí. Sin embargo, es cierto que se encuentran dentro del podio en calidad de tés. China está primero por ser el creador y poseer las plantas originales en su territorio. La India es el segundo país con el mejor té del mundo. Se caracteriza por tener el té más fino y ser los primeros en comercializar con China para su disfrute. Inglaterra cuenta con una amplia variedad de tés propios aunque, su atribución más grande, sería la mezcla de las hojas del té y algunos frutos para darle más sabor.

Durante la transición del siglo XIV, se inventó lo que hoy se conoce como tetera. Un recipiente donde se puede preparar y almacenar, a temperatura exacta, el té para ser servido en pequeñas tazas de porcelana. Más allá de las distintas formas que se han encontrado para preparar esta infusión, la tradicional tetera china con sus pocillos sigue siendo la mejor elección para poder sentir, verdaderamente, lo que transmite ésta bebida china.

Ya hacia el 1800, en Rusia se inventaba el té helado. Por las condiciones climáticas que atañen a ese país, hervir agua no era una de las opciones más factibles, mucho menos en las condiciones en las que se vivían. De esa manera nace el famoso té helado, popularizado por un artículo escrito en el New York Times en 1961 sobre la utilización del té helado en el estado de San Luis.

En 1904, Thomas Sullivan, crea las bolsitas de té o saquitos de té, que permitían el consumo para una sóla persona. De esta forma comienza la industrialización del té en todo el mundo, ya que las bolsitas permitían poner una cierta cantidad de mezcla de hojas, hierbas y, a veces, frutos para comercializar.

Así fue como la tradición del té se instauró en el mundo. De a pequeños pasos, desde China hasta América, el té es una de las infusiones más elegidas por la humanidad. Puede tomarse junto a algo dulce o salado, es fácil de preparar y puede consumirse tanto frío como caliente. No importa la hora ni el lugar, el té siempre está.