Clapper txt_Julia Fernández_Oct_2018

Santiago Zubiri tiene 18 años, y arrancó con la música a los nueve. El disparador fue “Help”, la emblemática canción de los Beatles. Sin embargo, cuando habla de quién le despertó la chispa musical él hace referencia a una sola persona: Pedro Aznar. Fue después de un recital del músico en Pergamino, su ciudad natal, cuando una voz dentro de él dijo: “no sé qué es eso, pero yo lo quiero“. Esa misma voz hoy es acompañada por una guitarra y está en busca de llegar a oídos de muchos. Santiago, como todo músico, lleva en sus propias manos las herramientas para salir adelante.

Hace menos de un año, “Zubi” —como le dicen sus amigos —, se mudó a Rosario. En parte, lo hizo impulsado por la esfera cultural de la ciudad y su conexión con la música. “Rosario es una ciudad musicalmente prestigiosa, con músicos de primer nivel, y con mucha movida cultural. Es un lugar donde voy a poder tocar más que en Pergamino, y en el que voy a tener más lugares donde mostrar lo que hago”, confesó. Porque eso también hay que tenerlo en cuenta al hablar de música: quien quiere consagrarse como artista debe renunciar, incluso, hasta a la ciudad que lo vio crecer.

Zubi, músico/manager/publicista

Santiago graba sus temas con una placa propia, recorre radios y toca las puertas de algunos bares buscando un espacio donde desenvolver su trabajo. El desdoblamiento al cual debe someterse un artista en los tiempos que corren, habla de lo arduo y apasionante del oficio. De repente no hacen sólo canciones, sino que se convierten, también, en managers y publicistas. “Uno cuando arranca se vuelve multifacético. Hay que organizar fechas, buscar alguien que te ayude a grabar, hacer contactos y demás. Pero es así, uno trabaja para que el día de mañana esas cosas se le pueden delegar a otros y enfocarse solamente en la música que es lo más importante“, explica. Él se define como alguien que “la pilotea bastante bien“, pero no deja de lado la fehaciente afirmación de que el día de mañana quiere sólo dedicarse a sus canciones.

Las redes sociales se convirtieron en grandes aliadas de los artistas que necesitan visibilizar su trabajo. Plataformas como Spotify, Youtube, Bandcamp y SoundCloud, facilitan la difusión de material llegando a miles de personas. “Hay un montón de plataformas donde la gente puede escuchar canciones. Es algo que antes no se podía. Quizás si no conocías cierta gente, o no tenías un manager o una multinacional atrás tuyo bancándote era mucho más difícil”, cuenta Santiago y afirma, con conocimiento de causa, que dicha situación se puede constatar con las bandas del under. “Llegan a millones de reproducciones, y solamente moviéndolo por las redes. Es impresionante“.

Zubi, influencias musicales de un artista emergente

Zubiri es fanático de las nuevas bandas que hoy en día se encuentran creciendo a pulmón. El furor del conocido “indie” no es casual. Grupos como Usted Señalemelo, Pasado Verde, Bandalos Chinos, entre otras tantas, tejieron su éxito a través de las herramientas que les brindó la tecnología. Respetar una determinada estética a través de las redes, ofrecer su música en diversas plataformas digitales y subir videos a Youtube decantó en una inmensidad de seguidores que hoy los acompañan llenando salas y teatros. Santiago quiere seguir ese camino, está convencido que es una puerta al éxito. Sin embargo, con todas las ventajas que tiene el asunto, no deja de ser un trabajo de artesano.

Hoy, ser músico en Argentina significa lidiar permanentemente con el paradigma sociocultural que los etiqueta como hobbistas o simples entretenedores. Mientras algunos aún reconocen la importancia del artista, otros solo lo utilizan para rellenar un espacio. “Yo creo que en Argentina el músico está bastante infravalorado”, reconoce Santiago. “Hay muchos que te invitan a tocar para que te publicites y no te dan un mango. Pero hay otros que no, que valoran el trabajo del músico. Tuve la suerte de encontrarme con gente que se pone en nuestro lugar, que entienden que los músicos necesitan mantener sus instrumentos, alquilar el sonido, y demás cosas que cuestan. Lo nuestro es un trabajo también. Así como ellos tienen el trabajo de tener un establecimiento, nosotros tenemos el nuestro, que es tocar”.